México se ha consolidado como uno de los principales proveedores de petróleo para Cuba, en un contexto marcado por la reducción de envíos desde Venezuela y ajustes en el mapa energético regional.
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que México ocupa hoy un papel relevante en el suministro de combustibles a la isla, aunque subrayó que no se han incrementado los volúmenes enviados respecto a los acuerdos previos.
Aclaración presidencial sobre los envíos
Sheinbaum sostuvo que los cargamentos de petróleo hacia Cuba no responden a una decisión extraordinaria reciente, sino a contratos y compromisos ya existentes, algunos de ellos vinculados a esquemas de cooperación y apoyo humanitario.
De acuerdo con la mandataria, México no ha aumentado los barriles exportados, pese a la percepción de que su participación es ahora más visible debido a la menor presencia de otros proveedores.
Volúmenes y contexto energético
Reportes recientes señalan que México ha mantenido envíos constantes de crudo y combustibles refinados hacia Cuba, con cifras que en periodos recientes rondaron decenas de miles de barriles diarios.
La reducción del suministro venezolano ha provocado que los embarques mexicanos destaquen más en el balance energético cubano, sin que ello implique un cambio sustancial en la política de exportación mexicana.
Escenario regional y transición del suministro
Cuba atraviesa desde hace años una crisis energética persistente, caracterizada por apagones frecuentes y una alta dependencia de importaciones.
La disminución de los envíos desde Venezuela obligó a la isla a diversificar sus fuentes de abastecimiento, lo que explica el creciente peso de México dentro de esta red de suministro en el Caribe.
Un rol más visible, no mayor
México se ha vuelto un proveedor clave de petróleo para Cuba, principalmente por la caída de envíos venezolanos.
El gobierno mexicano insiste en que no hubo aumento en los volúmenes, sino una mayor visibilidad del suministro habitual.
Dependencia energética cubana
Cuba importa la mayor parte del combustible que consume y enfrenta limitaciones estructurales para producir energía propia.
La participación de México se inserta en un contexto de fragilidad energética y reacomodos geopolíticos en la región.


