La declaración de Lula surge después de que Donald Trump criticara nuevamente a Brasil, al considerar que el país se ha vuelto “peligroso políticamente”. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una advertencia directa a su homólogo estadounidense, Donald Trump, a quien exigió no interferir en las elecciones presidenciales brasileñas de octubre de este año.
El mensaje, contundente y sin rodeos, exhibe el creciente deterioro en la relación entre ambos países en medio de tensiones políticas, comerciales y judiciales. La declaración de Lula surge después de que Trump criticara nuevamente a Brasil, al considerar que el país se ha vuelto “peligroso políticamente” y acusar al gobierno brasileño de perseguir a figuras cercanas al expresidente Jair Bolsonaro.
El mandatario estadounidense incluso afirmó que uno de los hijos de Bolsonaro, a quien describió como competitivo en las encuestas, podría ser objeto de arresto. Sin embargo, los hechos recientes apuntan en otra dirección.
El Supremo Tribunal Federal de Brasil condenó al exlegislador Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en el proceso judicial contra su padre, tras determinar que intentó influir ilegalmente en el caso mediante gestiones con autoridades estadounidenses. La mención de Trump también podría haber aludido al senador Flávio Bolsonaro, quien compite políticamente contra Lula y no enfrenta cargos judiciales.
Las fricciones entre ambos gobiernos no son nuevas, pero se han intensificado en los últimos meses. Washington ha propuesto nuevos aranceles del 25% a las importaciones brasileñas, argumentando prácticas comerciales injustas, una medida que Lula calificó como “una falta de respeto”.
Además, Estados Unidos sancionó al juez Alexandre de Moraes, figura importante en el proceso contra Bolsonaro, lo que provocó una fuerte reacción del gobierno brasileño. Otro punto de conflicto ha sido la decisión de la administración Trump de clasificar a grupos criminales brasileños como el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho como organizaciones terroristas extranjeras.
Lula rechazó esa etiqueta, argumentando que, si bien estos grupos generan violencia, su objetivo es económico y no político.


