Sudáfrica celebra por primera vez una cumbre del Grupo de los 20 (G20) y lo hace con un mensaje contundente: los países más ricos deben incrementar su apoyo para enfrentar los desastres climáticos que golpean con mayor dureza a las naciones pobres.
En Alexandra, el municipio más antiguo de Sudáfrica y uno de los más vulnerables, voluntarios con trajes impermeables se sumergen en el contaminado río Jukskei para reparar una red que evita inundaciones. Las fuertes lluvias la dañaron recientemente y, sin ella, las chozas situadas en la parte baja del asentamiento quedarían expuestas a desastres.
A pocos metros se levanta Sandton, el distrito financiero más próspero del país, un contraste que refleja la profunda desigualdad sudafricana.
DESIGUALDAD CLIMÁTICA: UN GOLPE MÁS DURO A LOS POBRES
Sudáfrica, anfitriona del G20, busca colocar al centro de la agenda los desafíos de las naciones en desarrollo, especialmente aquellos vinculados con los desastres agravados por el cambio climático.
“El clima y la desigualdad están directamente conectados”, señaló Binaifer Nowrojee, presidenta de Open Society Foundations. “Los países enfrentan la destructiva elección entre hacer crecer sus economías y tomar medidas climáticas”.
Datos del Banco Mundial respaldan el reclamo: las naciones más pobres sufrieron casi ocho veces más desastres naturales entre 2010 y 2020 que en las décadas previas. En el sur de África, ciclones y tormentas tropicales han causado miles de muertes y enormes pérdidas económicas. El ciclón Idai, potenciado por el cambio climático, dejó daños por 2 mil millones de dólares en 2019; casi una quinta parte del PIB de Malawi.
A esta devastación se sumó el reciente fenómeno de El Niño, que desató una de las peores sequías en décadas, afectando la agricultura de subsistencia y empobreciendo aún más a la región.
PRESIÓN GLOBAL EN UN G20 MARCADO POR TENSIONES
El financiamiento climático es uno de los temas más tensos en las negociaciones internacionales. Los países ricos prometieron el año pasado aportar al menos 300 mil millones de dólares anuales para 2035, pero expertos estiman que la cifra necesaria podría ascender a un billón de dólares para 2030.
Esta cumbre enfrenta además un obstáculo político: Estados Unidos, uno de los mayores emisores de carbono del planeta, no asistirá debido a un boicot derivado de las controvertidas afirmaciones del presidente Donald Trump sobre Sudáfrica.
La ausencia complica cualquier posibilidad de adoptar acuerdos ambiciosos.
SUDÁFRICA, ENTRE LA RESPONSABILIDAD Y SUS PROPIAS FALLAS
Mientras reclama mayor acción global, Sudáfrica también batalla con sus propias desigualdades estructurales. Amnistía Internacional denunció este mes que el gobierno está fallando a los cinco millones de personas que viven en asentamientos informales sin vivienda ni servicios adecuados y que sufren con más fuerza los impactos climáticos.
Las inundaciones de junio en Cabo Oriental, que dejaron más de 100 muertos, expusieron un problema profundo: las catástrofes climáticas resultan más mortales en zonas donde predominan viviendas precarias e infraestructura deteriorada.


