La Iglesia de La Profesa, en pleno corazón de la Ciudad de México, ha sido testigo de casi todo. En sus muros aún se perciben las huellas de un levantamiento armado que dejó agujeros de bala en 1847; décadas después, un incendio devoró sus pisos de madera y, con el paso del tiempo, sus cimientos comenzaron a hundirse por la inestabilidad del terreno.

Aun así, el templo sigue en pie y en uso.

“La importancia de este espacio es que sigue estando vivo, que sigue estando en uso”, detalla Alejandro Hernández, maestro en Historia del Arte.

Hernández forma parte de un grupo de especialistas que trabajan desde el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, un organismo público dependiente del gobierno local que se dedica a preservar y difundir la riqueza cultural de la capital. Recientemente, el fideicomiso lanzó una campaña que invita a los mexicanos a reconectar con el corazón histórico de su ciudad.

La iniciativa contempla 26 actividades para 2026, entre ellas recorridos por más de 40 templos del Centro Histórico. 

“Hemos estado buscando que la gente joven se interese por su patrimonio”, explica Anabelí Contreras, coordinadora de promoción y difusión del fideicomiso. 

Su equipo diseña constantemente campañas que resaltan el valor histórico y social de esta zona emblemática. Entre las acciones destacan talleres, exhibiciones y una muestra dedicada a los 700 años de la fundación de Tenochtitlán, que actualmente puede visitarse en una estación del Metro. A ello se suma la revista Kilómetro Cero, una publicación que propone redescubrir joyas ocultas del centro capitalino.

RECUPERAR LA COLECCIÓN

Algunos proyectos van más allá de la difusión y se concentran en la restauración. La Profesa, fundada por jesuitas en 1610 y reconstruida en 1714 por el arquitecto Pedro de Arrieta, sufrió severos daños durante el sismo de 2017.

“Con el sismo, la valiosísima colección de arte que está aquí en la pinacoteca fue la que sufrió más daños”, señala Hernández. Aunque el espacio aún no puede abrirse al público, los trabajos continúan.

La singularidad de La Profesa, explica el historiador, radica en que conserva muchas de las pinturas creadas originalmente para el edificio. A esto se suma una colección de textiles litúrgicos que todavía se utilizan en misa, un conjunto de reliquias que se exhiben cada 2 de noviembre, y las obras que dieron origen a su pinacoteca.

Ubicada en el piso superior del templo, la pinacoteca aparenta haber permanecido intacta, pero atravesó una restauración tan delicada como una cirugía. Alejandra Barrón, arquitecta del fideicomiso, recuerda que algunas grietas causadas por el sismo eran tan profundas que permitían ver los muros de edificios vecinos.

“Se cambió todo el piso, se atendieron las grietas estructurales y se dejaron todos los aplanados en buen estado”, detalla.

Aunque los plazos para concluir la obra aún son inciertos, ver algunos cuadros colgados nuevamente ofrece alivio al equipo.

“Es muy extraño encontrar esta condición en donde la iglesia se presta para ser como una galería, como un museo”, reflexiona Barrón. “Si sacáramos estos cuadros de aquí, ya no tendrían el mismo significado”.

IGLESIA Y PLAZA

A pocos metros de La Profesa se levanta el templo de Santo Domingo, fundado por frailes dominicos en el siglo XVI y también reconstruido por Pedro de Arrieta casi doscientos años después. Aunque hoy domina el paisaje urbano, en su origen fue parte de un enorme complejo religioso, del cual sobreviven apenas fragmentos.

Una calle moderna partió el conjunto en dos y, donde antes hubo capillas y convento, ahora existen viviendas que aún conservan arcos del antiguo claustro. El fideicomiso trabaja de la mano con los vecinos para preservar la zona. María Esther Centro, quien vive ahí desde hace décadas tras haber perdido su hogar en el sismo de 1985, recuerda cómo conoció la historia del lugar.

“Cuando vinieron del fideicomiso, contaron parte de la historia de lo que era el templo. Esto de acá en el comedor eran las celdas de las monjas”, relata.

Aunque el sismo de 2017 no dañó gravemente las viviendas, Santo Domingo todavía muestra cicatrices. Jesús Martínez, arquitecto a cargo de su restauración, conoce cada rincón del templo: desde un reloj oculto hasta el campanario.

“Después de Catedral, Santo Domingo es el segundo templo más emblemático del Centro Histórico”, afirma. Destaca, además, la sillería del coro, que se conserva íntegra desde su origen.

UN ENCUENTRO INESPERADO

En una mañana de finales de enero, María Lourdes Flota, visitante yucateca que había viajado para conocer la Basílica de Guadalupe, entró por casualidad a Santo Domingo mientras recorría el Centro Histórico.

“Es la primera vez que venimos por acá y entramos”, dijo. “Todo es hermoso. Me gusta que guarda muchas imágenes”.

Historias como la suya reflejan el objetivo de la nueva campaña: que el patrimonio histórico no sea solo un vestigio del pasado, sino un espacio vivo, capaz de sorprender y conectar con quienes lo descubren, incluso por casualidad.