Los votantes irlandeses acudieron este viernes a las urnas para elegir a su nueva presidenta, en unos comicios que definirán quién ocupará durante los próximos siete años un cargo principalmente ceremonial, pero de fuerte carga simbólica en el país.

La contienda se reduce a dos candidatas: Catherine Connolly, legisladora independiente de izquierda respaldada por el Sinn Féin, y Heather Humphreys, del partido de centroderecha Fine Gael. Las encuestas más recientes otorgan a Connolly una clara ventaja, con alrededor del 40% de intención de voto frente al 20-25% de su rival.

UNA ELECCIÓN MARCADA POR LA POLÍTICA EXTERIOR Y LAS DIVISIONES INTERNAS

Connolly, abogada de 68 años y diputada independiente desde 2016, se ha convertido en la favorita tras la retirada del aspirante de Fianna Fáil, Jim Gavin, a inicios de mes. Su apoyo creció gracias al respaldo de las principales fuerzas de izquierda, incluido el Sinn Féin, aunque sus posiciones sobre el conflicto en Gaza han generado controversia.

El primer ministro Micheál Martin la criticó por haber descrito a Hamás como “parte del tejido del pueblo palestino”. Aunque luego Connolly condenó “rotundamente” los ataques del grupo insurgente del 7 de octubre de 2023, insistió en acusar a Israel de cometer un “genocidio” en la Franja de Gaza.

Sus declaraciones la han convertido en una figura polarizadora. Mientras sus simpatizantes la ven como una voz independiente y comprometida con la justicia social, sus detractores advierten que podría distanciar a Irlanda de sus aliados europeos.

Connolly promete ser “una presidenta para toda la población, especialmente para quienes han sido excluidos y silenciados”, y ha hecho de la igualdad y la independencia política los ejes de su campaña.

HUMPHREYS APUESTA POR LA MODERACIÓN

Del otro lado, Heather Humphreys, de 64 años, defiende un perfil de continuidad y moderación. Con más de una década en el gobierno, ha dirigido las carteras de Artes, Patrimonio, Empresas y Desarrollo Rural. Se presenta como una candidata de centro, “como la mayoría de los irlandeses”, y ha centrado su mensaje en la estabilidad económica, el apoyo a la Unión Europea y el fortalecimiento de los lazos con Irlanda del Norte.

De religión presbiteriana en un país mayoritariamente católico, Humphreys ha prometido “tender puentes” entre comunidades y promover la unidad. Connolly, sin embargo, la ha acusado de representar “más de lo mismo” y de encarnar las políticas de los gobiernos recientes.

UN PUESTO SIMBÓLICO, PERO INFLUYENTE

Aunque la presidencia irlandesa carece de poder ejecutivo, su papel es relevante en el plano institucional y diplomático. El presidente representa al Estado, firma leyes aprobadas por el Parlamento y nombra al primer ministro, los jueces y otros altos funcionarios, siguiendo las recomendaciones del gobierno.

Los anteriores jefes de Estado han aprovechado su influencia moral para pronunciarse sobre temas de actualidad. El presidente saliente, Michael D. Higgins, en el cargo desde 2011, ha sido una voz activa en debates sobre la guerra en Gaza, la desigualdad y el gasto militar de la OTAN.

CUÁNDO SE CONOCERÁN LOS RESULTADOS

Las urnas cerraron a las 10 de la noche del viernes. El conteo de votos comenzará el sábado y se espera que los resultados se conozcan esa misma noche. La ganadora se convertirá en la décima presidenta de Irlanda y la tercera mujer en ocupar el cargo, tomando posesión en una ceremonia en el Castillo de Dublín el domingo.