En un gesto considerado histórico y simbólico, el Vaticano devolvió este sábado 62 artefactos pertenecientes a pueblos indígenas de Canadá, como parte de los esfuerzos de la Iglesia católica por reconocer su papel en la supresión de culturas originarias durante la colonización en América.

Un acto de reconciliación

La restitución fue encabezada por el papa León XIV, quien entregó los objetos —entre ellos un emblemático kayak inuit— y la documentación correspondiente a una delegación de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos. Se espera que estos líderes religiosos coordinen el regreso de cada pieza a las comunidades indígenas a las que pertenecen.

En un comunicado conjunto, el Vaticano y la Iglesia canadiense describieron el acto como un “regalo” y una “señal concreta de diálogo, respeto y fraternidad”.

Las piezas formaban parte de la colección etnográfica del Museo del Vaticano, conocida como Anima Mundi, que por años ha sido objeto de debate internacional debido a las crecientes exigencias de repatriación de bienes culturales obtenidos durante periodos coloniales. Aunque la Santa Sede sostiene que la mayoría de los objetos llegaron a Roma como “obsequios” enviados por misioneros católicos, su presencia en el museo ha generado cuestionamientos sobre la legitimidad de su colección.

Muchos años lejos de casa

La mayoría de los artefactos fueron enviados para una exposición realizada en 1925 en los jardines del Vaticano, promovida por el entonces papa Pío XI con la intención de mostrar la diversidad de las culturas indígenas y la expansión global de la labor misionera católica.

La devolución marca un nuevo capítulo en la relación entre la Iglesia católica y los pueblos indígenas de Canadá, quienes por décadas han exigido reconocimiento, reparación y la recuperación de elementos esenciales de su patrimonio cultural. El retorno de estos objetos es visto como un paso significativo hacia la construcción de una relación basada en la memoria, la dignidad y el respeto mutuo.