En una entrevista con The Wall Street Journal, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió sus políticas en materia de energía y salud, al tiempo que reveló nuevos detalles sobre un examen médico realizado en octubre pasado en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, del cual la Casa Blanca había ofrecido información limitada.
¿QUÉ PASÓ CON DONALD TRUMP?
Trump aclaró que se sometió a una tomografía computarizada, y no a una resonancia magnética, como había dicho inicialmente.
El estudio formó parte de una evaluación preventiva durante una visita al hospital, donde el mandatario tenía programadas reuniones con personal médico y soldados. Según explicó, lamenta haberse realizado pruebas de imagenología avanzada, pues generaron especulaciones públicas sobre su estado de salud.
De acuerdo con un memorando emitido por su médico personal, el capitán de la Marina Sean Barbabella, la tomografía se recomendó para descartar cualquier problema cardiovascular y los resultados fueron “perfectamente normales”, sin detectar anomalías. La Casa Blanca había informado en diciembre que el presidente se sometió a estudios de “imagenología avanzada” como parte de un control rutinario para hombres de su edad.
La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, sostuvo que tanto los médicos como la Casa Blanca siempre informaron que el presidente pasó por este tipo de evaluaciones y que fue el propio Trump quien decidió revelar más detalles porque “no tiene nada que ocultar”.
A sus 79 años, Trump se convirtió en el presidente de mayor edad en asumir el cargo, lo que ha intensificado el escrutinio sobre su salud. El propio mandatario reconoció que la polémica se avivó por la falta de claridad inicial.
“En retrospectiva, es una pena que lo haya hecho porque dio munición para las especulaciones”, afirmó, subrayando que no existe ningún problema médico.
En meses recientes también surgieron cuestionamientos tras observarse moretones en su mano derecha y una hinchazón visible en los tobillos. La Casa Blanca explicó que al presidente se le diagnosticó insuficiencia venosa crónica, una condición común en adultos mayores. Trump admitió que probó calcetines de compresión, pero dejó de usarlos porque no le resultaron cómodos.
Sobre los moretones, Leavitt indicó que se deben a los frecuentes apretones de manos y al consumo regular de aspirina, medicamento que Trump toma diariamente —325 miligramos— para reducir el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares, incluso en una dosis mayor a la recomendada por sus médicos. El presidente aseguró que es “un poco supersticioso” con este tratamiento tras más de 25 años de uso.
El mandatario también rechazó versiones de que se queda dormido durante reuniones, explicando que solo cierra los ojos para descansar, y minimizó dudas sobre su audición. Afirmó mantener altos niveles de energía, los cuales atribuye a su genética.
“Los genes son muy importantes, y yo tengo muy buenos genes”, sostuvo.
Con estas declaraciones, Trump busca disipar dudas sobre su salud mientras mantiene el foco en la defensa de su agenda y en su capacidad para continuar al frente de la presidencia.


